Monitoreo Sísmico y Volcánico del Volcán Paricutín por Científicos del CENAPRED
Antecedentes y Contexto
El volcán Paricutín ubicado en Michoacán, México, representa uno de los casos más importantes de vulcanismo monogenético en el mundo. El Paricutín nació en febrero de 1943 en un maizal y mantuvo actividad eruptiva durante 9 años, 11 días y 9 horas, hasta el 1 de abril de 1952. Después de 54 años de relativa quietud, la región experimentó una reactivación sísmica que ha sido objeto de intenso monitoreo científico por parte del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) y otras instituciones académicas.
Enjambres Sísmicos de 2020 y 2021
El artículo científico más relevante publicado en la revista Geofísica Internacional (2024) documenta dos enjambres sísmicos principales que ocurrieron en la región Paricutín-Tancítaro (PTR):
Primer Enjambre (PTRS-1): Entre el 5 de enero y el 22 de febrero de 2020, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) registró 3,688 terremotos con magnitudes de coda (Md) entre 2.6 y 4.2, con una tasa promedio de aproximadamente 68 eventos diarios. El evento de mayor magnitud fue de Md 4.2. Los epicentros se distribuyeron hacia el noreste de Tancítaro y Paricutín en una extensión de aproximadamente 30 × 40 km, con hipocentros concentrados entre 5 y 35 km de profundidad.[2]
Segundo Enjambre (PTRS-2): Entre el 30 de mayo y el 22 de julio de 2021, se registraron 1,114 terremotos con características similares de magnitud, pero con una tasa de ocurrencia menor que el primer enjambre. El epicentro mostró concentración bajo el estratovolcán Tancítaro a profundidades entre 9 y 20 km.[2]

Metodología de Monitoreo y Análisis
Los científicos del CENAPRED, en colaboración con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), utilizaron una red de estaciones sísmicas que incluía:
• Estaciones del SSN de sismómetros de banda ancha nacional
• Acelerómetros de la Red del Instituto de Ingeniería (IIN) de la UNAM
• Red Sísmica y Acelerométrica de Jalisco (RESAJ)
• Estaciones de la Red de Monitoreo del Volcán Colima (RESCO-CUEV)
• Estaciones sísmicas temporales posicionadas estratégicamente
Para mejorar la precisión de las localizaciones, los investigadores emplearon el algoritmo de relocalización HypoDD (double-difference earthquake location algorithm) y probaron tres diferentes modelos de velocidad 1-D. El modelo de Gardine modificado (Gardine-mod) resultó ser el más efectivo, reduciendo los errores de localización significativamente.
Intrusión Magmática Detectada
Un hallazgo clave del monitoreo fue la identificación de intrusiones magmáticas bajo la región. Utilizando el análisis de momentos sísmicos acumulados, los científicos estimaron los volúmenes de magma intruido:
• PTRS-1 (2020): Aproximadamente 96 millones de metros cúbicos de magma
• PTRS-2 (2021): Aproximadamente 45 millones de metros cúbicos de magma
El magma fue probablemente alimentado a través de diques o un sistema de diques espacialmente cerrados que ascendieron hasta encontrar un cuerpo de magma más antiguo y enfriado, probablemente un sill preexistente relacionado con el sistema que alimentó la erupción del Paricutín de 1943.
Red de Monitoreo Multiparamétrica
Además del monitoreo sísmico, el CENAPRED en colaboración con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y otras instituciones, instaló la primera red de monitoreo volcánico permanente en la región con cuatro estaciones multiparamétricas en comunidades estratégicas como Angahuan, Charapan y otras localidades. Esta red incluye instrumentación para detectar:
• Actividad sísmica
• Deformación del terreno (deformación geodésica)
• Cambios geoquímicos
• Otros parámetros volcánicos[3]
Significancia Científica
Los enjambres sísmicos mostraron patrones característicos del tipo 3 de Mogi (distribución en forma de campana), indicativos de una región altamente fracturada bajo estrés concentrado causado por intrusión magmática. Este patrón fue especialmente evidente en el PTRS-1, apoyando la conclusión de que los enjambres fueron causados por magma instruido en un sistema de depósitos preexistentes.
Los científicos del CENAPRED concluyeron que, aunque los volúmenes instruidos en 2020 y 2021 no fueron suficientemente grandes para desencadenar una erupción, incluso enjambres sísmicos moderados (en número y magnitud) podrían representar un peligro volcánico significativo para la región. Este hallazgo subraya la importancia de mantener infraestructura de monitoreo densificada, estaciones sísmicas permanentes telemetrizadas, y estudios geodésicos y geoquímicos continuos.
Perspectiva Histórica
El monitoreo moderno del CENAPRED se basa en lecciones históricas. La erupción del Paricutín de 1943 fue precedida por actividad sísmica local detectable 45 días antes, con algunos eventos alcanzando magnitud 4.5. Este precedente histórico refuerza la importancia del monitoreo contemporáneo para la detección temprana de posible reactivación volcánica.[2]
Estación Monitoreo Angahuan
Una de las Estaciones se encuentra instalada en el poblado de Angahuan, Estación de Monitoreo.
